Y Nur entrando y saliendo de ellas, escondiéndose y encerrándose, guardando y arrastrando, transformándolas a cada rato. Y en todo este trajín, afloran los pedazos de mi infancia entre cajas. De aquellas mañanas o tardes en las que acompañaba a mi madre en sus guardias en la farmacia, en las que mientras ella trabajaba en la botica, yo trabajaba en el patio de la trastienda, jugando entre todas aquellas cajas vacías, horas y horas...
Y un cariño infinito hacia la niña que fui, hacia aquellas horas acompañando a mi madre, hacia las cajas de medicamentos que me gustaba colocar, apilar y organizar, y las cajas que los habían guardado en del patio donde me escondía y creaba mil universos. Porque una caja no es solo una caja: es una casita, un palacio, una tumba de zombies, una cueva donde guarecerse de la lluvia, una nave espacial...
Y una reforma no es sólo una obra y un cambio físico en la casa, es una reforma de nuestro interior, una recapitulación, un salto hacia adelante, un adiós y una bienvenida...
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